Medusa



Mirar sus profundos negros ojos ejerce un fatal hechizo  
que petrifica cada músculo, cada hueso y cada una de las gotas de tu sangre.
Mirar sus ojos es devenir estatua, materia inerte, sin vida.
Sólo es lícito mirar su terrible rostro cuando ella misma es piedra,
sólo es lícito mirar su semblante en el frontón del templo de Corfú.
Desde antiguo, se deslizaba raudamente por las pesadillas:
un borrón, una mancha gris sobre gris,
de escamas sulfurosas, de garras afiladas y de alas negras,
que se filtra por entre las grietas que el miedo teje,
tal como lo haría una araña infatigable, aún en el valeroso y decidido.
Su cabeza amputada sigue mineralizando la carne desprevenida,
es aún fatal mirar los ciegos ojos, 
encandilarse con la laxitud de sus serpientes.
Pero, por mis sueños se me muestran otras cosas, 
visiones donde acuden destellos de una espada de oro
y donde en un fulgor glauco, con un rumor de alas amplias, 
más amplias que las poderosas alas de las águilas,
salta hacia las nubes un furioso semental, blanco y alado.


Francisco Izarraguirre

                                                                          
Imagen: Testa di Medusa, Michelangelo Merisi da Caravaggio                              Enlace a Caravaggio
                                                                                                                         
* En la versión para celulares, tal vez, debamos acostar el teléfono para conservar la métrica correcta.

Alsina


Fue un pimpollo.Una pequeña rosa maulladora, peluda, tersa.
Que se acostaba sobre mis pies.
Almohadoncito tibio, pompón de vida,
de energía salvaje y cariñosa.
Llegar fuera de hora era enfrentarse a un vendaval
de sonidos articulados, casi, palabra humana.
Vendaval de uñas trepadoras y lengua áspera.
Quejas y alegrías... casi de mujer.
Alsina, gata callejera, corredora de techos, alegría del tejado.
Madre de tres perlas vacilantes a las que alimentó
y enseñó el mundo; su mundo que ahora
comenzaba debajo de la cama y terminaba en la terraza.
Alsina viene, viene despacio y de mañana temprano,
Alsina, viene a las dos.
Y en mis sueños mas inocentes a veces puedo oírla
pisar a mi lado, con su suavidad felina y echarse lentamente
a mis pies, tal como lo hacia, cuando aún compartíamos la vigilia.
Y allí se queda,
hasta que la mansa luz del día la disuelve.



Néstor Telis

Marea


A pesar de lo pocos años que conforman la cifra de mi vida,
numerosas son las cosas que me han sido reveladas:
He conocido la rica soledad de ser hijo único y la bendición de tener dos hermanos.
Creí en aquello de poner la otra mejilla, y los que entonces sentía mis amigos,
ahora se lo que fueron, me demostraron mi imperdonable error.
Me fueron revelados los números y las letras y con ellos la admiración por la poesía y por la ciencia.
Y conocí los mitos, el ajedrez y el álgebra.
Y me regocijé en la música furiosa o apacible.
Y supe del desmayo y del licor; de las pesadillas y de los sueños.
He conocido la muerte certera, fugaz y el sueño en la intemperie y el flagelo del hambre
y la cocina rudimentaria y la aventura de la carne propia. Fui un depredador mas en la llanura.
Me fue revelada mi propia ira, acaso precipitada: incontrolable.
Y supe decir duras palabras y aun actuar mas duramente. Supe decir no a mi padre.
Y conocí el trabajo duro, el cansancio y la alegría del dinero propio.
Me fue revelada la amistad en la persona de Julio.
Viví la pasión en la grácil forma femenina, el amor lo había conocido un tiempo antes.
Y me fueron dadas, en parte, la química y las letras.
Y viví la camaradería, el furor, la euforia y la pena, el ensueño y la apatía.
Tales son, no puedo y no quiero nombrar todas, por piedad o por respeto,
las cosas que condicionan mi vida.
El mar me revela muchas cosas;
yo mismo soy la arena y el pasado son las olas que golpean mi existencia.



Francisco Izarraguirre